Pastoriando con Cristo
Hechos 2:14a,36-41; 1 Pedro
2:20b-25; Juan 10:1-10 (4/A)
“Porque
quien no ama la verdad aún no la conoce”
En este Cuarto
Domingo de Pascua, la Iglesia nos presenta la imagen poderosa de Cristo como el
Buen Pastor (Juan 10:1-10). Jesús es el Pastor quien conoce sus ovejas
personalmente, las lleva a lugares seguros, y al final dá su vida por ellas.
Esta imagen no es meramente distante o simbólica, sino un modelo vivo destinado
a formar cada vocación en nuestras vidas.
Primero, un
pastor es el Buen Pastor. Él camina adelante del rebaño, guiándolos con cuidado
e intimidad. Jesús llama sus propias ovejas por su nombre. Esto desafía a cada
pastor, no meramente un administrador, sino un padre quien conoce, nutre, y
protege su pueblo. Cristo es el (Buen Pastor) cuya autoridad está enraizada en
amor sacrificado. San Agustín advirtió en contra de pastores que se alimentan
ellos mismos en vez del rebaño. Un verdadero pastor alimenta su pueblo con la
Palabra de Dios y los Sacramentos, se mantiene firme en la verdad, y permanece
cerca al sufrimiento, profundamente compasivo.
En segundo
lugar, la imagen del Buen Pastor se extiende a los líderes gobernantes de la
sociedad. En el Antigüo Testamento, los gobernantes fueron vistos como pastores
encomendados con el cuidado del pueblo de Dios, y Dios fuertemente condenó a
aquellos quienes abusaron de esta responsabilidad (cf. Ezekiel 34). El
liderazgo no es acerca de poder o control, sino administración y servicio. Toda
la autoridad proviene de Dios y debe reflejar su justicia y misericordia. San
Gregorio el Grande enseñó que el verdadero liderazgo es el servicio humilde
para el bien de otros. Un líder gobernante debe trabajar por el bien común,
defender la dignidad humana, y mostrar preocupación por los pobres y
marginados. En un mundo a menudo marcado por el interés mutuo y la división,
Cristo llama a los líderes a convertirse en pastores que sirven en vez de
dominar.
Tercero,
queridos padres, ustedes son los Buenos Pastores dentro de sus familias. La
Escritura nos recuerda que los niños son encomendados a ustedes no solo para el
cuidado sino en la formación en la fé y la virtud: " Enseñen
diligentemente a sus hijos" ( Deuter 6:7). La familia es la Iglesia
doméstica, donde los padres comparten en la misión pastoral de Cristo. San Juan
Crisòstomo enfatizó que criando a sus hijos en santidad es una responsabilidad
sagrada más grande que el éxito mundano. Un buen pastor-padre guía con sabiduría,
corrige con amor, y dirige con el ejemplo, ayudando a los hijos a reconocer y
seguir la voz de Cristo.
Finalmente, el
Evangelio nos llama a discernir la verdadera voz del Pastor. Jesús dice, "
Las ovejas escuchan su voz.. un extraño ellas nos seguirán." En nuestro
tiempo, muchas voces tratan de guiarnos- voces de materialismo, relativismo, y división.
Aún la voz de Cristo permanece clara para aquellos que escuchan con fé. La
palabra Griega nos recuerda que su voz lleva autoridad e identidad. Para
reconocerla, debemos estar enraizados en la oración, formados por la Escritura,
y unidos con la Iglesia.
Cristo el Buen
Pastor no es solo para ser admirado sino para ser seguido. En cada vocación,
sea como pastores, líderes, padres, o fieles discípulos, estamos llamados a
reflejar su amor, su cuidado, y su sacrificio. Pidamos la gracia de oír su voz
claramente, seguirlo fielmente, y convertirnos en pastores según su propio
corazón, para que a través de nosotros, otros también puedan experimentar la
vida abundante que él promete.
«Avivemos
nuestros corazones, reavivemos nuestra fe y anhelemos con fervor lo que el
cielo nos tiene preparado».