Un Examen Cuaresmal de Nuestra Vista
Espiritual
1 Sam
16:1b,6-7,10-13;Efes 5:8-14; Jn 9:1-41(Lent A / 4)
En este Cuarto
Domingo de Cuaresma, la Palabra de Dios desafía una profunda tendencia
humana-la tendencia de juzgar las personas por lo que vemos por fuera. Cuando
el profeta Samuel viene a ungir a un rey entre los hijos de Jesé, está
impresionado por su apariencia y fortaleza. Pero el Señor lo corrige con un
recordatorio sorprendente: " No juzgues de su apariencia o de su estatura
elevada...porque el Señor vé, no como el hombre vé; el hombre mira la
apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón"(1 Sam 16:7) A menudo
medimos a otros por cualidades visibles- estatus, exito, o fortaleza física.
Pero Dios vé el corazón.
Cuando los
seguidores encuentran un ciego de nacimiento, ellos inmediatamente le preguntan
a Jesús, "Maestro, quien pecò, este hombre o sus padres, para que él haya
nacido ciego? ( Jn 9:2) Esta pregunta refleja una antigua creencia conocida
como la teología de retribuciòn- la idea de que el sufrimiento debe ser el
castigo por el pecado y prosperidad la recompensa por la bondad. Vemos esta
perspectiva en Deuteronomio, donde la obediencia está enlazada con bendiciones
y la desobediencia con maldiciones. Incluso hoy, muchas culturas expresan una
idea similar atravèz de la nociòn del karma, asumiendo que cada instancia de
sufrimiento debe ser el resultado de faltas pasadas.
Pero Jesús
rompe esta lògica de culpa. El responde, "Ni él ni sus padres pecaron; es
para que las obras de Dios sean visibles atravèz de él" (Jn 9:3).El se
concentra en cómo la gracia de Dios puede ser revelada. El sufrimiento del
hombre ciego se convierte en una manifestaciòn del poder sanador de Dios. Jesús
mueve la conversaciòn lejos del juicio a la misiòn. Desde una perspectiva
humana, David, el mas joven y el menos impresionante, pareciò insignificante,
aún Dios viò su corazón. Las
elecciones de Dios a menudo contradicen las expectativas humanas. La
sociedad tiende a valorar las personas basadas sobre el exito, productividad,
riqueza, o influencia. Pero Jesús nos recuerda que la dignidad humana no
depende sobre estas condiciones externas.
En Deus
Caritas Est, el Papa Benedicto 16 nos recuerda que el amor al pròjimo es una
responsabilidad fundamental de cada Cristiano. Cuando encontramos el
sufrimiento, nuestra respuesta no puede ser la indiferencia o el juicio sino la
caridad concreta. Asimismo, en Laudato Si, el Papa Francisco enfatiza que cada
creatura y cada persona humana posee una bondad dada por Dios. En Fratelli
Tutti, él llama al mundo a redescubrir la fraternidad, afirmando que cada ser
humano tiene el derecho de vivir con dignidad y desarrollarse plenamente dentro
de la comunidad.
Jesús nos
invita a participar en la obra de Dios (Jn 9:4). Nuestra tarea como Cristianos
es no juzgar los heridos sino ayudarlos a sanar, no condenar los que luchan
sino apoyarlos. Esto deberia construir el bien común- sirviendo a los pobres,
apoyando los enfermos, fortaleciendo familias, promoviendo la justicia y
compasiòn dentro de nuestras comunidades. El hombre ciego eventualmente viene a
reconocer a Jesús y profesa su fé en Él, mientras aquellos que se creyeron
espiritualmente ilustrados permanecieron ciegos. La real ceguera en la historia
no es física sino espiritual- la inabilidad de ver con el corazón. A medida que
continuamos nuestro viaje Cuaresmal, Jesús nos invita a examinar nuestra propia
visiòn. Juzgamos a las
personas por apariencias, o las vemos como Dios las vé? Si Cristo abre
nuestros ojos, nosotros nos moveremos del juicio a la compasiòn y de la
indiferencia al servicio. Luego,
atravèz de nuestras vidas, las obras de Dios verdaderamente serán visibles en
nuestra comunidad.