AletheiAnveshana: Donde Cristo habita, la Ley se Convierte en Amor Ecl 15:15-20; 1 Cor 2:6-10; Mt 5:17-37 (A 6)

Sunday, 15 February 2026

Donde Cristo habita, la Ley se Convierte en Amor Ecl 15:15-20; 1 Cor 2:6-10; Mt 5:17-37 (A 6)

 


Donde Cristo habita, la Ley se Convierte en Amor

 

Ecl 15:15-20; 1 Cor 2:6-10; Mt 5:17-37 (A 6)

Dios vio todo lo que había hecho, y fue muy bueno. Aleluya.

 

Mateo continúa el Sermón de la Montaña con una instrucción de tres partes por Jesús sobre el camino de la Vida en el Reino del Cielo. La lectura de hoy presenta tres martes. La primera parte trata de la Torá. Parte dos trata con adoración y prácticas religiosas y contiene la Oración del Señor. Parte tres trata con la confianza en Dios y obras de servicio amoroso al prójimo. Jesús dice palabras que chocan en el corazón del discipulado cristiano: “Yo no he venido a abolir la Ley, sino a cumplirla” (Mt 5:17). Él nos afirma que los mandamientos de Dios no son cancelados por Cristo, pero son cumplidos en Él.

 

Jesús manda no matar, no cometer adulterio, no jurar falsamente. Él va debajo de la acción a la intención. Él dice que la ira insulta y el desprecio hiere la vida. Miradas lujuriosas traicionan la alianza de amor. Palabras y juramentos descuidados fracturan la verdad. Jesús no está haciendo la vida más dura. Él está revelando la verdad. El pecado comienza en el corazón antes de que aparezca en el comportamiento.

 

Jesús no prohíbe la ira en cada forma, pero lleva al desprecio y destrucción de comunión. Él llama a sus discípulos a un estándar más alto, no porque ellos son fuertes, sino porque están llamados a ser santos. Jesús toma bien conocidos los mandamientos y nos lleva más profundo. Él nos muestra que el pecado no comienza en la mano,  sino en el corazón; no en el acto, sino en la intención. San Juan Crisóstomo explica que Cristo “dirige el mandamiento más allá de la carta y trae ésta al alma misma”. De la misma manera, el asesinato comienza con la ira; adulterio comienza con una mirada que reduce al otro a un objeto; falsedad comienza con un corazón dividido.

 

Esta enseñanza exigente es una sanación. Jesús no está acusando. Él está diagnosticando el corazón humano. Reconciliaciòn se convierte en una obligaciòn moral. Antes del culto y oración, el discípulo debe buscar paz. Esto es una exigencia ética incluso hoy, en un mundo marcado por el resentimiento, división y conflicto irresoluto. En asuntos de pureza, Jesús desafía una cultura que objetiza la persona humana. La Iglesia, siguiendo este Evangelio, enseña que la castidad no es represión sino reverencia por la dignidad del otro. Donde Cristo habita, la ley se convierte en amor, y el amor se convierte en libertad.Cuando venimos al altar, pidamos por corazones purificadores, relaciones sanadas, y marcadas por la verdad. Luego la ley no se parará sobre nosotros, sino vivir dentro de nosotros.

 

Este Evangelio nos invita a examinar nuestro mundo interior.  Jesús no nos está condenando; Él nos está llamando más profundamente. Él desea corazones que son indivisibles, sanados y libres. Cuando recibimos la Eucaristía, recibimos a Aquel quien vivió este Evangelio completamente. Que Él  remodele nuestros corazones, purifique nuestras intenciones, y haga nuestras vidas un testimonio vivo para el Reino de Dios.

 

Por lo que no pudiste tomar en un momento por tu debilidad, tú serás capaz de agarrarte a otro si tú solo perseveras”.

 

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