AletheiAnveshana: He ahí! El Cordero de Dios Is 49:3,5-6; 1 Cor 1:1-3; Juan 1:29-34 (A/2)

Friday, 16 January 2026

He ahí! El Cordero de Dios Is 49:3,5-6; 1 Cor 1:1-3; Juan 1:29-34 (A/2)

 

 He ahí! El Cordero de Dios

Is 49:3,5-6; 1 Cor 1:1-3; Juan 1:29-34 (A/2)

 

Bendito el que viene en el Nombre del Señor. Aleluya ( Oficio Divino)

 

Despues de la alegria e intensidad de la Navidad y el Bautismo del Señor, la Iglesia ahora nos dirige al Tiempo Ordinario. Ordinario no significa sin importancia, pero tiempo Ordenado en el cual la fe esta destinada a crecer tranquilamente, sostenidadmente y fielmente. Y hoy al comienzo de esta temporada, la Iglesia pone ante nosotros la proclamación de Juan el Bautista en el Jordan, no llamando la atención a él mismo, no reclamando autoridad, no ofreciendo explicaciones. Él dice: “He ahí!” Juan llama a Jesus el Cordero de Dios. Esto les recordó a ellos del cordero de la Pascua cuya sangre salvó a Israel de la muerte (Exodo 12). Esto resonó las palabras del profeta Isaias quién habló del siervo sufriente siendo llevado como un cordero al matadero (53:7).

 

Juan esta diciendo que Jesus es aquel enviado por Dios a tratar el pecado en su misma raiz. Y noten algo importante: Juan dice: “Yo no lo conocí.” Esto no es ignorancia, esto es humildad. Juan nos enseña que la fe no viene ciertamente de lo humano solo. Jesus es reconocido no por estátus, ni por poder, sino por el movimiento del Espiritu. El mismo Espiritu quien descendió sobre Jesus es el Espiritu quièn abre nuestros ojos para reconocerlo a Él hoy. Reconocemos al Cordero de Dios cuando Él viene a nosotros? Nosotros a menudo buscamos a Dios en la fortaleza, el exito y la certeza. Pero Dios viene como un Cordero amable, humilde,vulnerable. Muchos lo perdieron luego, y muchos lo pierden ahora, porque Él no cumple nuestras expectativas. Aun Juan nos dice claramente: Este Cordero quita el pecado del mundo. No solo faltas individuales, pero la profunda fragilidad que separa la humanidad de Dios. Esto es porque Jesus es mas que un maestro o ejemplo moral. Él es el Redentor. Él existió antes que Juan. Él está llenado con el Espiritu Santo. Él simplemente no limpia con agua pero bautiza con el Espiritu Santo. Él trae nueva vida, no solo desde afuera, pero también desde dentro.

 

Juan el Bautista no compite con Jesus, pero da testimonio que dice, “Él debe aumentar; yo debo disminuir”. En un mundo que anima a la autopromoción, Juan nos enseña la autodonación. En una cultura de ruido y búsqueda de atención, él nos enseña cómo apuntar tranquilamente pero claramente hacia Cristo. El verdadero discipulado no es acerca de hacernos ser conocidos- esto es acerca de hacer de Cristo visible. Si Jesus quita el pecado del mundo,  luego aquellos quienes pertenecen a Él deben vivir diferentemente. De lo contrario, nosotros no podemos recibir el Cordero y continuar viviendo en amargura, injusticia, deshonestidad, o indiferencia. Seguir el Cordero significa escojer misericordia sobre el juicio, humildad sobre el orgullo, servicio sobre el poder, y perdón sobre la venganza. Cada vez que nosotros venimos a la Santa Misa,  nosotros escuchamos al sacerdote repetir las palabras de Juan: “He ahí el Cordero de Dios”. Pero la pregunta permanece: Verdaderamente lo miramos a Él - o estas palabras se han convertido en rutina? Lo reconocemos al Él en la Eucaristia? en el herido?, en los momentos silenciosos de nuestra vida diaria? Como nosotros comenzamos el Tiempo Ordinario, el Señor nos invita a la fidelidad ordinaria- a vivirla silenciosamente pero claramente apuntando hacia Él. Que nuestras palabras, nuestras elecciones, y nuestro amor digan al mundo lo que Juan una vez dijo en el Jordan: “Éste es el Hijo de Dios”.

 

Hagan todo lo que ustedes puedan para preservar la unidad del Espiritu, en el vínculo de la paz.

 (Oficio Divino)

 

 

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