He ahí! El Cordero de Dios
Is 49:3,5-6; 1 Cor
1:1-3; Juan 1:29-34 (A/2)
Bendito
el que viene en el Nombre del Señor. Aleluya (
Oficio Divino)
Despues de la
alegria e intensidad de la Navidad y el Bautismo del Señor, la Iglesia ahora
nos dirige al Tiempo Ordinario. Ordinario no significa sin importancia, pero
tiempo Ordenado en el cual la fe esta destinada a crecer tranquilamente,
sostenidadmente y fielmente. Y hoy al comienzo de esta temporada, la Iglesia
pone ante nosotros la proclamación de Juan el Bautista en el Jordan, no
llamando la atención a él mismo, no reclamando autoridad, no ofreciendo
explicaciones. Él dice: “He ahí!” Juan llama a Jesus el Cordero de Dios. Esto
les recordó a ellos del cordero de la Pascua cuya sangre salvó a Israel de la
muerte (Exodo 12). Esto resonó las palabras del profeta Isaias quién habló del
siervo sufriente siendo llevado como un cordero al matadero (53:7).
Juan esta
diciendo que Jesus es aquel enviado por Dios a tratar el pecado en su misma
raiz. Y noten algo importante: Juan dice: “Yo no lo conocí.” Esto no es
ignorancia, esto es humildad. Juan nos enseña que la fe no viene ciertamente de
lo humano solo. Jesus es reconocido no por estátus, ni por poder, sino por el
movimiento del Espiritu. El mismo Espiritu quien descendió sobre Jesus es el
Espiritu quièn abre nuestros ojos para reconocerlo a Él hoy. Reconocemos al
Cordero de Dios cuando Él viene a nosotros? Nosotros a menudo buscamos a Dios
en la fortaleza, el exito y la certeza. Pero Dios viene como un Cordero amable,
humilde,vulnerable. Muchos lo perdieron luego, y muchos lo pierden ahora,
porque Él no cumple nuestras expectativas. Aun Juan nos dice claramente: Este
Cordero quita el pecado del mundo. No solo faltas individuales, pero la
profunda fragilidad que separa la humanidad de Dios. Esto es porque Jesus es
mas que un maestro o ejemplo moral. Él es el Redentor. Él existió antes que
Juan. Él está llenado con el Espiritu Santo. Él simplemente no limpia con agua
pero bautiza con el Espiritu Santo. Él trae nueva vida, no solo desde afuera,
pero también desde dentro.
Juan el
Bautista no compite con Jesus, pero da testimonio que dice, “Él debe aumentar;
yo debo disminuir”. En un mundo que anima a la autopromoción, Juan nos enseña
la autodonación. En una cultura de ruido y búsqueda de atención, él nos enseña
cómo apuntar tranquilamente pero claramente hacia Cristo. El verdadero
discipulado no es acerca de hacernos ser conocidos- esto es acerca de hacer de
Cristo visible. Si Jesus quita el pecado del mundo, luego aquellos quienes pertenecen a Él deben
vivir diferentemente. De lo contrario, nosotros no podemos recibir el Cordero y
continuar viviendo en amargura, injusticia, deshonestidad, o indiferencia.
Seguir el Cordero significa escojer misericordia sobre el juicio, humildad
sobre el orgullo, servicio sobre el poder, y perdón sobre la venganza. Cada vez
que nosotros venimos a la Santa Misa,
nosotros escuchamos al sacerdote repetir las palabras de Juan: “He ahí
el Cordero de Dios”. Pero la pregunta permanece: Verdaderamente lo miramos a Él
- o estas palabras se han convertido en rutina? Lo reconocemos al Él en la
Eucaristia? en el herido?, en los momentos silenciosos de nuestra vida diaria? Como
nosotros comenzamos el Tiempo Ordinario, el Señor nos invita a la fidelidad
ordinaria- a vivirla silenciosamente pero claramente apuntando hacia Él. Que
nuestras palabras, nuestras elecciones, y nuestro amor digan al mundo lo que
Juan una vez dijo en el Jordan: “Éste es el Hijo de Dios”.
Hagan todo lo que ustedes puedan para preservar la unidad del Espiritu, en
el vínculo de la paz.
(Oficio
Divino)
No comments:
Post a Comment