Un lugar para mi en la casa del Padre
Hechos 6:1-7; 1 Pedro 2:4-9; Juan 14:1-12(A/5)
"El Señor en toda su belleza es exaltado sobre las estrellas"
En este Quinto Domingo de Pascua, las palabras de Jesús, " Yo voy a preparar un lugar para ustedes" en el Evangelio de Juan (14:2) resuena con profundo consuelo. Estas no son meramente palabras de despedida sino una revelación de destino, identidad, e intimidad divina. "Preparar un lugar" no significa crear un lugar, sino organizarlo como un lugar habitable. San Pedro escribe, "Una entrada será ricamente ministrada a tí hacia el reino eterno de nuestro Señor "(2 Pedro 1:11) y San Pablo escribe, "un edificio de Dios, una morada no hecha con manos, eterna en los cielos"(2 Cor 5:1). Correctamente, el "Te Deum" alaba " Cuando..Tu venciste el aguijón de la muerte y abriste el reino del cielo a todos los creyentes".
La declaración "Yo voy a prepararles un lugar" revela a Jesús como el divino mediador y el precursor escatológico. Él mismo es el camino (Juan 14:6). La palabra griega usada para "camino" es (hodos), no solo un sendero, sino un viaje vivido, una relación. Su partida no es abandonamiento sino un movimiento redentor desde la Cruz a la Ascensión "acceso abierto al Padre". " Un lugar"( topos) no es un cielo geográfico sino una morada relacional en la casa del Padre ( Sal 23:6) como el salmista orò. Jesús prepara tal gracioso regalo para cada uno de nosotros.
La "casa del Padre" significa comunión divina- vida Trinitaria en la cual estamos invitados. Este es el lenguaje pautal donde Dios "habita" entre nosotros (Ex 25:8). Ahora, a través de Cristo, esta morada interior se vuelve personal y eterna. La promesa no es acerca de espacio sino de pertenencia, "donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy Yo"(Mt 18:20). La Iglesia enseña que el cielo es el fin último y la plenitud de los deseos humanos más profundos (cf.CCC 1024). Esta es la visión beatífica- ver a Dios cara a cara y su rostro en nuestro prójimo. La promesa de Jesús nos asegura que la salvación no es abstracta sino preparada, intencional, y asegurada por él mismo. Esto también refuerza la doctrina de esperanza, comuniòn eterna.
San Agustin interpreta este "lugar"como el mismísimo Cuerpo de Cristo, la Iglesia en la cual los creyentes son incorporados. Para él, el "lugar" preparatorio de Cristo es nuestra transformación. En el mundo moderno, obsesionado con hogares de seguridad temporal, carreras, e identidades, Cristo nos redirige a una morada eterna. La promesa " Yo voy a preparar" invita a la confianza en la divina providencia. Esto nos desafía a vivir como peregrinos, no poseedores, como esperanzados, no temerosos.
Es más, "Yo voy" está en tiempo presente, indicando una acción en curso. Cristo está continuamente preparando, continuamente intercediendo (Heb 7:25). Esto nos asegura que nuestras vidas no son olvidadas sino formadas para la gloria. Para la Iglesia hoy, esto significa incorporando este "lugar preparado" en nuestras comunidades, creando espacios de bienvenida, justicia, y amor que refleje la casa del Padre. Familias, parroquias, y sociedades estan llamadas a reflejar esta divina hospitalidad. Como el evangelista escribe, "El Reino está a tu alcance" ( Mt 3:2, 4:17; Mar 1:15), experimentemos el lugar celestial de Cristo entre nosotros. Si somos templos de Dios ( 1 Cor 3:16), estamos llamados a poseer el lugar de su reino en nosotros.
"Su ascenso trae vida a los muertos, perdón a los pecadores, y gloria a los
santos"
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